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Hoy es el día de solidaridad con las personas que se han visto forzadas debido a la guerra, la persecución y la crisis, a huir de sus hogares y de sus países. En el año pasado, hemos sido testigo del gran valor de las personas refugiadas y de una gran y positiva respuesta por parte de otras tantas personas que han abierto sus corazones y casas para darles cobijo. Alrededor del mundo existe un deseo de ayudar a los refugiados y las refugiadas y de que los gobiernos colaboren en esta materia.

Sin embargo, también hemos visto una estremecedora falta de respuesta política a la búsqueda de forjar una respuesta colectiva fuerte en el ámbito mundial. Necesitamos líderes que asuman su rol, en vez de seguir la gritería de unas cuantas voces reaccionarias al servicio de una retórica egoísta con propósitos politiqueros. En el Día Mundial de las Personas Refugiadas, debemos hacer llegar el mensaje a los gobiernos de que queremos vivir en sociedades que dan la bienvenida a los refugiados y a las refugiadas, en vez de darles la espalda. Los y las líderes que se verán las caras en el encuentro sobre personas refugiadas a llevarse a cabo en Naciones Unidas en septiembre deben apropiarse de este mensaje y actuar en concordancia con el mismo. 

Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional, es un veterano activista sobre cuestiones relacionadas con la pobreza y la justicia. Su padre fue un reconocido periodista que hacía campañas por las más diversas causas, labor por la que tuvo que enfrentar persecución en incluso la cárcel en diferentes oportunidades. Su madre una activista feminista en un país reconocido por una fuerte tradición patriarcal. Su activismo y liderazgo comenzó desde muy joven cuando se desempeñó como presidente de la unión de estudiantes de su ciudad natal, desde ese momento aprendió, según sus propias palabras, que “la raíz de la injusticia son las personas que habiendo alcanzado el poder abusan de él”.

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