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Educación ante desastres naturales

Antonio Nardelli / Shutterstock.com

El planeta tierra es un complejo sistema, muy dinámico, donde los fenómenos naturales ocurren día a día. Cuando terremotos, maremotos, huracanes u otros reveses tienen lugar, suelen incidir negativamente en el devenir natural de una sociedad, se comienza a hablar propiamente de desastres naturales; pues bien, dichos desastres naturales varían en su tiempo de detección, impacto y perspectivas de recuperación de la población a corto, mediano o largo plazo.

Otro elemento que incide directamente en el impacto que cause un fenómeno natural para que pase a desastre natural es la intervención humana en los espacios naturales, se puede citar como ejemplo la situación que viven la comunidades aledañas al Lago de Valencia y su desbordamiento, ello a causa de políticas públicas ineficaces para solventar esa situación; el deslave ocurrido en el estado Vargas, en el año 1999, los derrumbes de edificaciones tras el terremoto de Cariaco al oriente de Venezuela, al igual que ocurrió tras el terremoto de Huara en Chile.

En el caso de Huara, el Estado Chileno junto con la UNESCO, realizaron una fuerte inversión para mejorar y ampliar la infraestructura educativa en la zona pero hasta que no se forme a la ciudadanía para enfrentar situaciones de desastres naturales, cada Estado continuara en deuda con sus ciudadanos en este aspecto

Dichos desastres naturales hay que analizarlos desde varias aristas, la primera por políticas publicas erradas o inexistentes para la prevención de desastres naturales y una segunda, que va ligada a la primera, un sistema educativo que no responde a la necesidad de formar al ciudadano para minimizar los factores de riesgo en su vida cotidiana ante desastres naturales.

 

Educación para la gestión del riesgo ante desastres

Se debe tener siempre presente que América Latina y el Caribe es una región diversa donde ocurren fenómenos  potencialmente destructivos. Los sismos, tormentas, tsunamis, huracanes, erupciones volcánicas, entre otros, asociados a condiciones de vulnerabilidad, generan altas condiciones de riesgo.

Cada estado debe, en primer término ponderar los fenómenos naturales que ocurren en su territorio y el nivel de vulnerabilidad de cada población, establecer sistemas de alerta temprana, minimizar los riesgos, generar programas de formación para la educación formal y no formal para empoderar a la población sobre la forma de accionar como individuo ante un desastre, ya que la educación enfocada desde la prevención y la preparación para la acción va a permitir que el Estado, a la hora de un siniestro pueda limitar las consecuencias del mismo solo a un corto plazo.

La integración del enfoque de la gestión del riesgo en el sector educativo es determinante para incrementar la concientización sobre el efecto y causa de los desastres. Las escuelas que incluyen acciones de gestión del riesgo contribuyen a una cultura para la prevención, esencial para el desarrollo sostenible de los países. Estas acciones reducen los riesgos de desastres y fortalecen las capacidades de las comunidades más vulnerables para responder a las emergencias. En la ocurrencia de un desastre, la educación restaura la vida cotidiana y da esperanza en el porvenir; además de ser un instrumento para satisfacer otras necesidades humanitarias básicas y para transmitir mensajes de seguridad y bienestar.

 

El derecho a la educación en situaciones de emergencia

Esta realidad fue analizada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 30 de Junio del año 2010 como parte del Seguimiento de los resultados de la Cumbre del Milenio, en el documento emitido se Insta a los Estados Miembro a que apliquen estrategias y políticas para asegurar el ejercicio del derecho a la educación y apoyarlo como elemento integrante de la asistencia y las respuestas humanitarias, dedicándoles los máximos recursos disponibles, con el apoyo de la comunidad internacional, el sistema de las Naciones Unidas, los donantes, los organismos multilaterales, el sector privado, la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales

Igualmente, solicita a los Estados Miembros que aseguren el funcionamiento de los mejores sistemas educativos posibles, en particular mediante la asignación de recursos suficientes, la adaptación adecuada de los programas de estudios y la capacitación de los maestros, la realización de evaluaciones de riesgos, los programas de preparación para casos de desastre en las escuelas, un régimen jurídico de protección y servicios sociales básicos y sanitarios, con el fin de resistir las situaciones de emergencia; a su vez, Insta además a los Estados Miembros a que, al prestar apoyo a la educación, se ocupen específicamente de las necesidades particulares de las niñas en contextos de emergencia, incluida su mayor vulnerabilidad a la violencia basada en el género.

Al hacer mención, las Naciones Unidas, acerca de la reconstrucción y la etapa posterior a las situaciones de emergencia, insta a los Estados Miembro a que en las situaciones de emergencia proporcionen una enseñanza de calidad, que tenga en cuenta las cuestiones de género, se centre en el estudiantado, se base en los derechos, ofrezca protección, sea adaptable, inclusiva y participativa, refleje las condiciones de vida particulares de niñas, niños y jóvenes, otorgando la debida consideración, según corresponda, a su identidad lingüística y cultural, y teniendo en cuenta que la educación de calidad puede promover la tolerancia, la comprensión mutua y el respeto de los derechos humanos de los demás.

Para culminar, de cara a la realidad, los Estados que integran Latinoamérica y el Caribe, distan mucho de estar cumpliendo a cabalidad con lo planteado en la Naciones Unidas, la ciudadanía en general de estos países ha recibido una precaria formación para la prevención de riesgos, las instituciones de publicas que deben dar respuesta a situaciones de desastres no cuentan con los equipos necesarios para hacer frente a las crisis, eso queda evidenciado cada vez que ocurre un desastre natural de gran envergadura y se depende en gran medida de la solidaridad internacional para paliar las necesidades de los y las ciudadanas que se hayan visto afectados.

Fuentes citadas

Jorgen Ramos

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Luis A. Torrealba Rodriguez ahora es activista de Red Portuguesa Amnistía Internacional
Hace 6 horas
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